viernes, 8 de junio de 2012

La planta de mi despacho os desea feliz fin de semana.


Me la encontré ayer en la calle cuando volvía de desayunar, la habían abandonado metida en una bolsa de plástico debajo de una papelera.
Pobrecilla, es un ser vivo y también sufre, tiene sensibilidad, debía estar triste, lo noté en su expresión.
La recogí y me la traje a la oficina, al pasar por el baño la regué, y al regarla noté que le cambió la expresión, me sonrió dulcemente, con un gesto de agradecimiento.
Y ahí la coloqué, junto a la ventana, mirando al jardín, compañera de los árboles, los pájaros, los gatos, la luz del cielo, el suave frescor de la mañana, el chorro de la manguera del jardinero, y noto que se siente feliz, su vida ha vuelto a tener sentido, siente cariño, apoyo, protección, amor, mi amor..., el amor de el paseante.
No sabe aún que es una planta famosa, la planta de el paseante, pero ya se irá enterando.
Yo he empezado a hablar con ella en silencio y ella me contesta, es muy sabia, conoce muchas cosas de la vida desde su visión de planta, desde su reino natural.
Es, cómo no, ecologista, y me está adoctrinando, por otro lado quiere verme feliz, y me dice que para ser feliz tengo que estar en la vida tal y como ella está, sin afán, sin pretender nada, sin anhelar nada, sin lucha, propósito, intención, simplemente viviendo el momento.
Que sólo así dejaré de sufrir, y por fin "estaré" en la vida como están el resto de los seres vivos excepto el hombre, pero claro, llegar a eso que pretende de mí nos va a costar largas charlas, lo presiento...
Ella es muy atenta, la he hablado ya de vosotros y me ha dicho que os desee un feliz fin de semana de su parte, y de la mía también, claro...

el paseante

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