martes, 12 de junio de 2012

El amor según la sombra...


EL AMOR

Desde luego, Jota, hace poco que soy tu sombra y ya quieres que te hable de amor… Ah,  ¿que lo quieres es que te hable del AMOR en general?, perdona, no te había entendido. Está bien. Haré lo pueda. Pero recuerda que aunque bebo de tu fuente soy un agujero negro, y que todo lo que cae en mí lo añado al caos infinito que me define, así que no te sorprenda que no te reconozcas en mis palabras, o.k.?. Bueno, al grano. Partimos de la base de que nos enamoramos de algo o de alguien porque nos aporta “algo” que nos cuesta mucho definir y que nos hace sentirnos bien. El Amor depende tanto de ese “algo” que en el momento en que éste desaparece surge el Desamor. Si admitimos esto como cierto, entonces se puede decir que el “Amor desinteresado” no existe. Es una falacia. Luego está el tema del “Amor verdadero”. Yo creo que el Amor siempre es verdadero, otra cosa es que ese “je ne se quoi” que lo provoca esté basado en algo real o lo esté en un espejismo, en una ilusión, pero el sentimiento siempre será cierto. Y potente.
Pongamos un ejemplo: Digamos que el amado es una bañera vacía. El amante puede verla vacía o puede verla llena. Si la ve llena se está engañando, así que en cuanto se quite el tapón, es decir, que el sueño se tope con la realidad, entonces la ilusión se escapará por el desagüe y sólo quedara la bañera vacía. También puede ser que la bañera decida mostrarse llena sólo para atrapar al amante, en cuyo caso pasará exactamente lo mismo en cuanto se quite el tapón, cosa que sucederá pronto, porque mantener una mentira mucho tiempo es agotador, la verdad. Pues estos engaños, o la ausencia de ellos, más el cambio natural que se produce en los humanos, es lo que determina que el “enamoramiento” dure más o menos en el tiempo. Lo resumiré más claramente. La duración del Amor –que no su autenticidad- depende de los siguientes factores:

1.- Que el amado se muestre tal y como es, es decir, que no engañe. Como dicen los informáticos WYSIWYG (What you see is what you get).
2.- Que el amante quiera “ver realmente” al ser amado, es decir, que no se engañe.
3.- Que ninguno de los dos cambie, o que los cambios no afecten a ese “ello indefinido” que provocó el Amor.

Si se dan los tres factores –cosa muy rara- estaremos ante lo que llamamos “Amor eterno”, pero en cuanto falle uno de los tres vendrá el Desamor. Invariablemente.

Si me preguntas si tú y yo podríamos enamorarnos te diría que sí. Ahora, si me preguntas si nuestro amor podría ser eterno, siento decirte que no duraría ni dos telediarios, y ¿por qué?, me preguntarás triste y desilusionado. Pues primero porque somos terriblemente variables. No hacemos más que alargarnos y encogernos caprichosamente. Aparecemos y desaparecemos sin ton ni son. Somos como las olas del mar. Aunque sí es cierto que nuestros cambios están acompasados. Pegan entre sí como si pertenecieran a una misma melodía. Pero el obstáculo más importante, querido Jota, es que al Amor le gusta mezclarlo todo, porque para él todo es uno, y resulta que nuestras naturalezas son inmiscibles, aunque no por culpa tuya. En realidad el problema lo tengo yo, porque tú, blanco, eres la mezcla de todos los colores, mientras yo, negro, sólo soy la ausencia de color. Sin embargo, igual que la noche y el día se funden en sus límites provocando amaneceres y atardeceres bellísimos, también nosotros podemos encontrarnos en esa línea fronteriza que nos convierte en penínsulas inseparables. Sólo en esa zona común y en determinados momentos podríamos hallar el amor eterno…
Pero, de todas formas ¿por qué querrías amarme eternamente? ¡qué rollo ¿no?!. Yo creo que es mejor que me quieras a ratos. Recuerda que puedes hacer conmigo lo que quieras, porque estoy a tus pies. Dame la forma que necesites para completarte, invéntame, juega conmigo si lo deseas, cualquier cosa menos enamorarte eternamente de mí, porque, al fin y al cabo, sería inútil. Soy intangible y fugaz…


La sombra del paseante

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