miércoles, 6 de junio de 2012

Ser un icono: Vaslav Nijinsky.





Hay una exposición muy interesante en la sede madrileña de Caixa  Forum sobre Los Ballets rusos de Diaghilev, en ella tiene un significado protagonismo, no podía ser de otra manera, el gran bailarín Nijinsky.
Recomiendo ver la exposición, hay unos dibujos de Picasso para los figurines del ballet El sombrero de tres picos de Manuel de Falla, un cartel de Hockney y un retrato a lápiz del bailarín Léonide Massine hecho por Picasso, además de numerosos carteles y programas originales, que vale la pena contemplar, es francamente un deleite para los sentidos y para la sensibilidad.
También muy interesantes las fotografías del Victoria & Albert Museum, traídas desde Londres, imágenes de representaciones de los ballets rusos, especialmente interesante la foto de la boda de Nijinsky en Buenos Aires, dado lo curioso de las circunstancias.
También está la factura a nombre de Diaghilev del Hotel des Bains del Lido de Venecia, de fecha 15 de agosto de 1929, que quedó impagada porque murió el día 19 en esa misma ciudad.
Diaghilev fue el promotor de los ballets rusos de comienzos del siglo XX y descubridor del genio de Nijinsky, eran dos artistas, dos genios, que impulsaban sus creatividades recíprocamente, como el artista y su musa, fueron no sólo pareja artística sino también sentimental, y terminaron mal, en una gira de la compañía a Buenos Aires para actuar en el teatro Colón, gira a la que no fue Diaghilev por miedo a viajar en barco, Nijinsky se casó con una compañera suya de los ballets rusos, automáticamente Diaghilev le despidió de la compañía mandándole un lacónico telegrama.
Desde ese momento la estrella de Nijinsky se eclipsó, sin embargo la de Diaghilev siguió brillando, sustituyó en su corazón a Nijinsky por el nuevo primer bailarín de la compañía, Massine.
Nijinsky entra después de su matrimonio y expulsión de los ballets rusos en un periodo de fanatismo religioso y de remordimientos por su anterior relación homosexual con Diaghilev, y al final acabará loco, esquizofrénico.
Perdió su tutor, su alma mater, el ser que le daba vida, y se perdió él.
Recuerdo la película de Herbert Ross sobre el bailarín, una sucesión de espectaculares coreografías, saltos de baile magníficos, hoteles de lujo, camas de caoba, sábanas de seda, discusiones, pasionales reconciliaciones, decadentes escenarios de una pasión artística y amorosa que se nutrían mutuamente.
Y recuerdo la interpretación de Alan Bates como Diaghilev, y especialmente la escena en la que recibe el telegrama en el que se le anuncia que Nijinsky ha contraído matrimonio.

Tanto la exposición de Caixa Forum como la película de Herbert Ross nos acercan a estos dos mitos inseparables, fundadores de la historia del ballet moderno.

el paseante
 

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