lunes, 4 de agosto de 2014

Ser crossdresser no es algo fácil (Un asesino en las calles 36).




36 – Ser crossdresser no es algo fácil

Mucho lío ser crossdresser, te complica la vida, las mujeres tienen mucho trabajo en lo del arreglo personal, eso pensó el Comisario Carballo, y además dedican mucho tiempo a su aspecto, cuando salió del portal de un brinco por poco se cae en plena Gran Vía, un viandante le sujetó por el brazo y le sonrió pícaramente, Carballo pensó que sería gay, hasta que se dio cuenta de que él en ese momento era mujer, le devolvió tímidamente la sonrisa no fuera a resultar comprometedor y siguió su camino hacia la tienda de pelucas, se iba mirando en los escaparates, la palabra era, por qué no decirlo?, distinguida, tenía tanto siendo hombre como siendo mujer una elegancia y un empaque muy especiales, tenía clase, y esas cosas se notan, llamaba la atención más como mujer que como hombre, o esa impresión le daba, tal vez porque los hombres miran más abiertamente y con más descaro a las mujeres. Al cruzar la Plaza Mayor los camareros de las terrazas la tomaron por una turista y la ofrecieron mesa, ella declinó el ofrecimiento con una suave sonrisa de gran dama que pasa dejando a su paso una estela de inconfundible e inolvidable glamour, ella era el glamour, sin dudarlo. Llegó a la pequeña tienda de pelucas y el dependiente, un jovencito apocado con la cara llena de granos y un traje algo grande para su talla, la atendió respetuosamente, deben estar acostumbrados a las crossdresser pensó Carballo, se compró una peluca rubia de pelo corto rizado, pelo natural por supuesto, nada que ver con el sintético, el dependiente le dijo que las pelucas de pelo natural daban menos calor. Al mirarse en el espejo se dio cuenta de que algo fallaba, eran las cejas, el Comisario Carballo tenía unas pobladas cejas de color oscuro, parecía el mudo de los hermanos Marx, bueno, en realidad parecía un cruce entre Harpo y Groucho, se dijo que algo tenía que hacer, no podía teñírselas y aparecer así en la Comisaría, tampoco podía depilárselas, el caso era que la peluca le entusiasmaba, se veía como Kim Novak con ella puesta, Kim Novak tenía también las cejas pobladas y oscuras pero las llevaba depiladas, además él tenía la misma espalda que Kim, estaba claro, su fuerte era la espalda, de vértigo, ahora con aquel vestido rojo lo había visto claro, debería, siempre que fuera posible, lucir la espalda, y su talle, qué decir de su talle…, su cintura, y sus piernas, qué decir de sus piernas…, el Comisario Carballo estaba aún más enamorado de él como mujer que como hombre, si es que eso es posible, claro.
Volvió con la peluca puesta y el sombrero panamá encima a su casa, se sentía como una verdadera diosa, le parecía que todo el mundo le admiraba, si bien él no se fijaba en nadie para no dar pie a malentendidos, su reino no era de este mundo.
Según iba llegando al portal de su casa le pareció ver a alguien esperando en la puerta, según se iba acercando vio con más claridad la figura, una mujer de mediana estatura morena con melena, el portal estaría cerrado, el conserje estaría comiendo, la mujer insistía en llamar al telefonillo automático pero nadie la contestaba, al llegar más cerca la sangre se le heló, quedó petrificado, la mujer era su amiga Bety, la bruja, pero qué coño pintaba llamando a su telefonillo, se había presentado por las buenas en Madrid, sin avisar, algo muy suyo, Carballo se dio cuenta de que podría reconocerle fácilmente siendo además bruja, pero qué podía hacer, Bety era la perseverancia en persona y no se movería de la puerta hasta que diera con él, y él no podía estar dando vueltas todo el día con esos tacones de aguja que le estaban matando, decidió ir hasta el portal y entrar, al cruzarse con ella Bety le miró de arriba abajo y se dirigió a él sonriente, Carballo pensó que estaba perdido, le había reconocido sin duda. Entonces, mientras se le nublaba la vista oyó cómo Bety le decía:

-          Perdonáme  señora, vos conocés al Comisario Carballo?

(continuará)

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