martes, 19 de agosto de 2014

Comida con Bruttini (Un asesino en las calles 46).




46 – Comida con Bruttini

Carballo se quedó sorprendido al contemplar lo que había cambiado la vida de Bruttini, de aquel elegante piso en el que comió junto con él, su mujer y sus hijos, había pasado a una modesta buhardilla en el madrileño barrio de Chueca, si bien la buhardilla, o buhardillita como la llamaba Bruttini, no estaba exenta de cierto encanto bohemio y estaba en perfecto orden, Bruttini le hizo notar los visillos hechos por él y las faldas de la mesa camilla igualmente salidas de sus manos, como era verano el calor era bastante fuerte, razón por la cual Bruttini mantenía abiertas todas las ventanas de las pequeñas mansardas, desde las cuales se podía ver el reloj de la telefónica iluminado en rojo presidiendo el cielo de Madrid, y en el otro extremo se podía ver una sucesión de tejados superpuestos uno sobre el otro como en cascada, con diferentes tonos de rojos, diferentes tipos de teja de procedencia y antigüedad diversa, que daban a la vista un encanto especial, uno no se cansaba de mirar por las ventanas, descubriendo siempre nuevos detalles, un parche en alguna esquina de un tejado, un canalón para el agua de la lluvia con una forma extraña, un pararrayos, la cruz de alguna iglesia lejana que sobresalía como saludando, alguna que otra antena que rompía la belleza de la vista, incluso pudo ver Carballo alguna que otra bandera gay colgando de ventanas y balcones, también alguna que otra bandera republicana, ropa tendida, y muchas macetas por todas partes, llenas de geranios principalmente, que daban alegría y calidez a la visión de aquel rincón tan castizo de Madrid, desde la calle subía cierto amortiguado bullicio producido por los viandantes al pasar que se llamaban a voces entre ellos y se decían todo tipo de cosas, provocativas las más de las veces, alegres siempre, porque el barrio en general se veía lleno de alegría, buen humor y gente dispuesta a disfrutar de la vida, al igual que Bruttini.
Bruttini tenía además un pequeño gatito de apenas unos meses de vida totalmente negro al que llamaba Cachemir por su suavidad, el gatito era como una pequeña pantera, apenas llegó Carballo al apartamento el gatito se escondió y no volvió a aparecer, Bruttini y Carballo le estuvieron buscando, miraron debajo del aparador y allí estaba, apenas se asomaron lanzó un potente bufido.
La comida discurrió tranquilamente, huevos rellenos de aún con tomate recubiertos de una exquisita salsa rosa especialidad e Bruttini, el chico cocinaba bastante bien, sería por su ascendencia siciliana seguramente, de primer plato gazpacho con guarnición, y de postre otra especialidad bruttiniana, un exquisito sorbete de guindas al licor con plátano, muy refrescante y apropiado para un día de calor.
La buhardilla por lo que pudo ver Carballo no resultaba agobiante y tenía mucho encanto con sus vigas vistas de madera y su suelo de barro, apenas era sólo un espacio diáfano y en un rincón contaba con un diminuto baño muy coqueto, el cual Bruttini había adornado con todo tipo de accesorios que lo hacían muy acogedor al igual que toda la vivienda que estaba en su práctica totalidad amueblada con muebles de Ikea, lo cual le daba un contraste entre modernidad y clasicismo con mucho encanto. Tal vez la única pega, aparte del calor y seguramente el frío en invierno, era la escalera, la buhardilla estaba situada en la cuarta planta de un vetusto edificio sin ascensor, pero Bruttini tenía buenas piernas, con el footing que hacía de continuo aquella escalera para él era pan comido, no así para Carballo que ya notaba el paso de los años y su falta de entrenamiento, llegó sin resuello a la buhardillita, pensando por un momento que iba a morir de un infarto o de una angina de pecho.
Después de la comida que acompañaron con una botella de delicioso Chianti italiano, se recostaron en el mullido sofá de color rojo, tremendamente confortable, y se tomaron unos chupitos de limoncello italiano, a Carballo se le empezaban a cerrar los ojos, se estaba ya quedando medio adormilado cuando de repente Bruttini de manera súbita e imprevista dijo:

- Comisario, quiere venir esta noche a verme actuar en el Diva's Club?

(continuará)


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