miércoles, 4 de febrero de 2015

La conexión Vancouver (Un asesino en las calles 93).





93 –  La conexión Vancouver.

Al día siguiente todo continuó igual, sin novedad en el hospital, sin novedad en el frente más bien, porque en realidad aquello era como la línea de batalla que Carballo estaba manteniendo contra sí mismo, por un lado estaba su convalecencia más fingida por miedo a salir a la calle que real, y por el otro lado estaba la lucha consigo mismo, con su psique, Carballo se pasó el día elucubrando sobre la llamada telefónica que recibió del Moños, aquello le parecía cada vez más raro, por otro lado se martirizaba pensando lo torpe que había sido, tal vez el que llamaba suplantaba al supuesto Moños y no trataba sino de averiguar en qué hospital estaba ingresado Carballo, llamaría seguramente a todos los hospitales de Madrid y preguntaría si en la madrugada del viernes había ingresado un tal Carballo, también averiguaría indirectamente de esta manera si se había muerto o no, fácil, pero no sólo eso, una vez que le había localizado consiguió que le pasaran con su habitación y hablar con él, de esta forma sabría si el veneno que le habían suministrado había logrado borrarle o no la memoria como pretendían, lo cual había igualmente averiguado, Carballo recordaba al Moños, estaba claro, conservaba la memoria, Carballo con su torpeza de novato se había puesto a tiro de nuevo si todo era como él suponía, por otro lado podían de nuevo urdir un plan para volver a intentar asesinarle en cualquier momento, la pistola que guardaba debajo de la almohada era pues más necesaria que nunca y el estar alerta igualmente, sobre todo de noche que era cuando podía haber una mayor impunidad, hasta donde recordaba Carballo en aquel hospital entraba quién quería cuando le daba la gana, no hacía falta identificarse ni decir a qué habitación se iba, y Bruttini por las noches no hacía sino roncar, servía de poca protección, con lo cual le tocaba a Carballo estar ojo avizor de día y de noche, así que pensó que mejor poner fin a la pantomima de seguir ingresado en observación cuanto antes y en lugar de irse a su apartamento de la Gran Vía poner rumbo a la casa del pueblo, al fin y al cabo allí había mandado Bruttini todas sus cosas después de la precipitada remodelación del apartamento, una de sus chaladuras, Carballo decidió pedirle al chico que a la mañana siguiente fuera al apartamento, le metiera alguna ropa en la maleta y después fuera al garaje a sacar el coche y pasara a recogerle para irse rumbo al pueblo, allí es donde más seguro iba a estar, nadie sabía nada sobre aquella casa, eso sí, deberían poner cuidado en que nadie les siguiera en ningún momento. Allí pensaba Carballo que sería capaz de poner las cosas en claro y trazar un plan no sólo para salvar su pellejo y seguramente el del pobre Bruttini también sino para averiguar si la que él denominaba como conexión Vancouver era una pista cierta y fiable o no, y averiguar a dónde podría conducir en realidad. Si la Mahoma no va a Vancouver, Vancouver irá a Mahoma, está claro, Vancouver había vuelto junto a Carballo, estaba allí mismo, cerca, escondido, agazapado en cualquier rincón de Madrid, a un tiro de piedra de Carballo, o mejor dicho quizás a un tiro de magnum. Seguía habiendo un asesino en las calles, sí, pero la diferencia era que ahora no estaba ya en las calles de Vancouver como antes, ahora estaba en las calles de Madrid y pretendía matar a Carballo, eso parecía al menos.

(continuará)


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