lunes, 9 de febrero de 2015

Decíamos ayer. Marzo 2013 (1). Siempre a tu lado y otras historias.

miércoles, 6 de marzo de 2013


Mis conversaciones con Woody (18). Me he enamorado... (3).




-         ¿Cómo va lo de tus pies Woody?
-         ¿Lo de mis pies?
-         Sí, lo de tus pies.
-         No te entiendo.
-         Lo del olor a pies.
-         Ah, bien, gracias por preguntar, ni rastro, buenísimo el Peusec, tenías razón.
-         ¿Han mejorado las cosas con tu enamorada?
-         Al menos me siento más seguro.
-         Algo es algo.
-         Sí.
-         ¿Y por lo demás?
-         Pues preocupado.
-         ¿Por?
-         Tengo otro problema, verás, quería comentártelo, me ha propuesto que hagamos un viaje juntos.
-         ¿Y?
-         Pues que no he compartido nunca habitación con una mujer.
-         ¿Y?
-         La intimidad…
-         ¿El sexo?
-         No, no, lo del sexo no es problema.
-         ¿Entonces?
-         El baño.
-         ¿El baño?
-         Sí, los olores cuando use el baño.
-         Ya.
-         No sé qué hacer, me da corte, imagina que después de usar yo el baño entre ella.
-         Sin problemas Woody, hay  un truco infalible.
-         ¿Cuál?
-         Cerillas.
-         ¿Cerillas?
-         Sí, llévate una cajita de cerillas al viaje, la guardas en tu neceser en el baño, cada vez que provoques olores enciendes una cerilla y la apagas de un soplido.
-         ¿Y?
-         Borra cualquier olor, el fuego quema el gas metano.
-         Pero olerá a cerilla.
-         Mejor que el otro olor, ¿no?
-         Es verdad, eres un genio jr, si no fuera por ti mi relación se iría a pique.
-         No exageres.
-         ¿Y dónde aprendiste eso?
-         En la mili.
-         ¿En la mili?
-         Sí, un compañero de campamento nos lo enseñó a todo el batallón, él se ponía a cuatro patas y soltaba una ventosidad, acercaba un mechero y el resultado era una gran lengua de fuego saliéndole por el culo.
-         ¿Y no se quemaba?
-         Para nada.
-         Pero sería dantesco.
-         Era una escena como salida de El infierno de Bruegel.
-         Desde luego.
-         Imagínate el estallido de risas en el batallón.
-         ¿No era un poco guarro?
-         Para nada, era un chico educadísimo, con aspecto de ángel, pero le gustaba hacer esa broma.
-         Pues vaya broma…
-         Por si no lo sabes te diré que el gas metano es combustible y además contamina la atmósfera, hace disminuir la capa de ozono.
-         ¿Como las ventosidades de las vacas?
-         Igual.
-         Resulta algo curioso y práctico a la vez jr.
-         ¿Y dime Woody, dónde vais de viaje?
-         A Barcelona.
-         ¡Qué romántico!
-         ¿Lo conoces?
-         Sí, claro, Barcelona me trae recuerdos, me trae muchos recuerdos…

(continuará)

El paseante

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el paseante



martes, 5 de marzo de 2013


Nocturno de Madrid desde la casa de mis padres.

Nocturno de Madrid desde la casa de mis padres. Tinta china sobre cartón couché. José Ramón Carballo. 1985.


El cuadro de la semana. Maurice Utrillo. Calle de París. 1883-1965.



Montmartre en los tiempos de Utrillo


El alcohólico Maurice Utrillo (1883-1955) se convirtió poco a poco en el más famoso pintor de la vida de Montmartre, con unas 6000 telas donde plasmó en ambientes de bruma onírica escalinatas, calles, parques, cafés y casitas típicas de la turística colina habitada por los más famosos pintores de la Escuela de París. Era hijo de Suzanne Valadon (1865-1938), bellísima y muy humilde muchacha que se inicio a los 15 años trabajando de modelo desnuda y amante de impresionistas como Edgar Degas, Jean Renoir, Puvis de Chabannes y Toulouse Lautrec. Luego se volvió una de las pintoras más notables de su tiempo con una obra escasa pero admirable por su precisión e intensidad. Mujer fatal, disoluta, erotómana insaciable, y además gran artista. Montmartre era en ese entonces una colina alta situada al norte de la ciudad, cuyo ambiente publerino y popular atraía a obreros, artesanos y artistas que pagaban allí bajos alquileres por sus talleres y buhardillas. En la parte baja estaban los burdeles y cabarets de Pigalle inmortalizados por Toulouse Lautrec y en la parte alta el refugio de bohemios, maleantes, prostitutas, artistas y poetas, que se recuperaban allí de la resaca de la fiesta. El joven Picasso, Van Dongen, Braque, Modigliani y muchos otros, vivieron allí en un ambiente de rumba en la primera y segunda décadas del siglo XX, junto a antros ya míticos como El Lapin Agile y el Moulin de la Gallette. Cuando esos artistas pobres y borrachines se volvieron todos famosos y millonarios, el mito de Montmartre creció tanto que hoy los turistas visitan en romería incesante la plaza de Tertre donde pintores de boina, paleta y pincel al aire retratan los visitantes por unos cuantos euros. El lugar guarda su encanto con sus callejuelas empinadas y rincones bucólicos desde donde se observa al fondo la urbe luminosa. Y aunque ahora sólo pueden comprar allí propiedades los millonarios del mundo atraídos por un filme como Amelie Poulain, el lugar conmueve porque fue centro de la gran aventura artística encabezada por el genial Pablo Picasso.

Utrillo, a quien llamaban « litrillo » por su beodez, vivió traumatizado desde la infancia. Su madre no tenía mucho tiempo para él, nunca supo quien fue su padre y tuvo el apellido Utrillo gracias a un artista catalán que, siendo amante de su madre, se ofreció a reconocerlo. Desde muy temprano fue internado en asilos para desintoxicarse y pagaba las cuentas de bar haciendo cuadros rápidos de calles, parques y esquinas de barrio. Nadie lo tomaba en serio, y para acabar de arreglar el cuadro, su madre Suzanne se enamoró de su mejor amigo, Utter, veinte años menor que la modelo de Degas. Gracias a Utter, madre e hijo establecieron contactos con el medio comprador y el hombre se convirtió en el administrador de esos dos talentos malogrados durante los largos y felices años de entreguerras. Poco a poco los cuadros de Utrillo gustaron por sus ambientes misteriosos cargados de bruma que llegaban al alma del público. Sus cuadros se vendían como pan caliente y aunque al final la calidad de Utrrillo se derrumbó, se volvió una celebridad visitada por Rita Hayworth y el Aga Khan. Utrillo triunfó, y la ciudad lo lloró cuando murió en 1955 convertido en una leyenda cargada de medallas y honores.

Sus obras se volvieron un fenómeno de sociedad y ellos solos encarnaron en pareja el mito figurativo de Montmartre que aún hoy fascina a los turistas. El cuerpo desnudo y adolescente de Suzanne Valadon, que enloqueció de amor al músico Erick Satie y a otros muchos de su época, puede verse en el famoso cuadro de Degas «Después del baño» y en una foto color sepia que él le tomó para plasmar su desnudez. Valadon será experta en desnudos luminosos y coloridos de gran factura, expuestos al lado de los impersonales ambientes de su hijo. Murió alcohólica y según la leyenda, subía clochards y maleantes a su cama en la casa de rica de la avenida Junot, en Montmartre, donde terminó sus días lejos de su hijo, un Mauricio Utrillo ya elegante, casado, estable y millonario, que se extinguió a su vez en paz en una mansión del elegante suburbio de Le Vesinet, donde pintaba en pijama con sus profundos ojos azules y su rostro arrugado de empedernido fumador.

Por Eduardo Garcia Aguilar

lunes, 4 de marzo de 2013


La película de la semana. Siempre a tu lado (Hachiko). Lasse Hallström. 2009.



HACHIKO EL PERRO FIEL

foto real de Hachiko en sus últimos años

Bueno para empezar mi blog he decidido hablar sobre la historia del perro fiel Hachiko ('hachi' significa 'ocho', número que se refiere al orden nacimiento del perro en la camada, y 'kō', cuyo significado es príncipe o duque). La historia trata sobre un perro Akita la cual es una raza de perro originaria de Japón muy hermosos esos perros la historia ocurrió en 1924 cuando un profesor de la Universidad de Tokio adopta al perro, el cual desde entonces todos los días lo esperaba en la puerta delantera de la estación de trenes de Shibuya, esto continuo haciendolo hasta mayo de 1925 ya que el profesor no regreso a causa de haber sufrido una hemorragia cerebral en mitad de clases, y murio a causa de este. Hachiko demostró gran lealtad a su amo durante los siguiente nueve años de su vida se sentaba en el mismo lugar de siempre, alfrente de la estación de tren. Pasaron días, meses, años y el seguía esperando sin importar si hacia frió o calor.
Al transcurrir el tiempo Hachiko llamo la atención de todos los que pasaban con frecuencia por esta estación de tren quienes vieron a hachi acompañar a su amo a la estación fueron quienes se encargaron de alimentarlo y cuidarlo.

Hachiko murió de filariasis, el 7 de marzo de 1935 su cuerpo fue encontrado frente a la estación de Shibuya, tras esperar infructuosamente a su amo durante diez años. Sus restos fueron depositados en una caseta de piedra que se construyó al pie de la tumba del profesor Ueno, en el Cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, Tokio.


La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido fue tan grande que conmovió a los que lo rodeaban, quienes lo apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se presentó la estatua. La estatua fue reutilizada a causa de la Segunda Guerra Mundial, pero se erigió otra estatua en agosto de 1947, que aún permanece y es un lugar de encuentro extremadamente popular, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta el encuentro.
Estatua de Hachiko en la estación de tren de Shibuya



La historia fue tan conmovedora que fue llevada a cine en 1987 Hachiko monogatari, que cuenta la historia de su vida desde su nacimiento hasta su muerte y se imaginó como un reencuentro espiritual con su amo. Considerada un éxito de taquilla, la película fue el último gran éxito para el estudio cinematográfico japonés Shochiku Kinema Kenkyû-jo.

La versión estadounidense(el remake) fue estrenada en agosto de 2009 esta película titulada "Siempre a tu lado. Hachiko" (Hachiko: A Dog's Story). Protagonizada por el actor Richard Gere, que trata la historia de Hachiko y su relación con el profesor, aunque en esta, la acción se desarrolla en los EE.UU. La película fue filmada en Rhode Island, y también participan Joan Allen y Jason Alexander.
Al ver la película uno se relaciona con la historia la cual lo llega a tocar a uno muy profundamente, es una historia muy bonita e inspiradora y te hace querer salir de la sala del cine a ver a tu perro jugar con él, y amarlo como se lo merece.

P.d.- No me resulta fácil hablar sobre esto, se agolpan los pensamientos, los sentimientos, las emociones y me colapsan, pierdo la distancia que se necesita para ser capaz de hablar sobre algo con cierta precisión y claridad, todo se agolpa, se vuelve confuso, se vuelve demasiado emocionante, visceral, arrollador, intento hablar sobre ello en todo caso, se trata de algo a primera vista tan simple y común como la experiencia de tener un perro, o de que un perro te tenga a ti, ¿quién elige a quién?, el argumento de la película es también simple, la relación entre un perro y su amo, la muerte del amo y cómo el perro sigue yendo durante 10 años a esperarle a la estación de tren cada día tal y como hacía cuando estaba vivo y regresaba del trabajo, hasta que el perro, al cabo de 10 años,  muere en una noche de nieve frente a la estación y sueña que llega al fin su amo y se reencuentra con él, bueno, lo he explicado fatal, he querido controlar la emoción pero la misma emoción me ha bloqueado, ha censurado la cascada de sentimientos desbocados que esta historia me despierta porque me toca muy adentro, toca una fibra muy íntima mía, la de la relación sentimental con todas las mascotas que he tenido a lo largo de mi vida, perros y gatos.
De la película, de la historia, me llevo el regusto amargo y la sensación de que nunca estaremos a la altura de la generosidad y entrega incondicional que tienen los animales con nosotros, seguimos siendo egoístas y cicateros por mucho que les queramos, nunca, como digo, estamos a su nivel, como dice mi padre, cuanto más conozco a las personas más prefiero a los animales. Basta con mirarles a los ojos, o, por mejor decir, con ver cómo nos miran ellos para saberlo.
El perro sigue ahí, impertérrito, durante 10 años, esperando la llegada de su amo, día tras día, él no sabe que su amo no regresará nunca como nosotros sabemos, qué listos somos, sin embargo él es el único que presiente la muerte de su amo el día, el último día que le ve partir, como cada día, por la mañana, hacia el trabajo, intenta retenerle llevándole la pelota con la que juega hasta la estación para que se la tire, intentando así que se quede junto a él, pero al final su amo se va, y el perro le despide con mirada melancólica, ¿quién es más listo?, da igual, nosotros nos creemos más listos, pero al final el perro nos gana hasta en eso, porque el perro tenía también razón en que su amo regresaría un día a por él aunque tuviera que esperarle hasta la muerte, porque sería en esa muerte precisamente donde se reencontrarían definitivamente y para siempre.
Francamente, creo que es bastante difícil volver a sentir demasiado interés por la mayoría de los humanos cuando se vive la experiencia de tener un perro, o de que un perro te tenga a ti por mejor decir, y creo que eso queda perfectamente plasmado en esta película basada en una historia real.
El paseante

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