lunes, 28 de octubre de 2013

Los años de plomo y yo.




Es muy complicado hablar sobre esto, es de esos temas imposibles que a uno se le escurren entre las manos como un pez, que uno siente que no es capaz de asimilar en toda su dimensión, que le desbordan, que le resultan incomprensibles y hacen que se cuestione la verdadera naturaleza del hombre, uno no tiene recursos ante algo así, queda desarmado, inerte, parece como si todo eso tuviera lugar en otro mundo diferente al que conoce, o cree conocer, el mundo de la sinrazón.
Y uno sabe que también es parte de ese mundo de la sinrazón, que hay algo que a uno le conforma como ser humano que es común con el que mata, la ofuscación, en ocasiones es difícil pararse a pensar, o pensar de manera diferente a como está habituado, y uno puede igualmente llegar a cualquier resultado.
Ya lo he apuntado en el tema nazi, ahora lo repito, lo que me altera, me conmueve, en mi más profunda fibra sensible, es preguntarme en qué medida yo y cualquiera puede llegar a caer en esos excesos.
Estos temas en la carrera los estudiábamos en Derecho Natural y en Filosofía del Derecho, ¿hay un derecho previo al individuo?, ¿hay unos valores de la convivencia previos incluso a la norma que la norma debe respetar?, vieja disyuntiva que enfrenta a iusnaturalistas con positivistas, para los primeros la respuesta es afirmativa, para los segundos esos valores o principios sólo existen cuando son promulgados, no anteceden a nada.
Las normas favorables a la redención de la pena ponen, desde luego, el énfasis en el individuo, tratan de no estigmatizarlo socialmente y procuran su reinserción, se basan en el fondo en la asunción del delito como una acción equivocada, separando éste del sujeto al que permiten salir de la categoría de delincuente para regresar a la categoría de hombre sin más, liberándole del determinismo de ser ya para siempre un delincuente.
Se habla ahora de gobiernos complacientes, de reformas que no se hicieron, de pactos, el hecho es que ETA no mata desde hace muchos años, tal vez si la estrategia hubiera sido otra ETA seguiría matando o hubiera matado mucho más.
Felicitémonos al menos porque aquel infierno de muerte y destrucción que parecía no tener fin terminó.
Un jurista ve más allá de los sentimientos, si nos dejáramos llevar por los sentimientos la sociedad sería un caos, los jueces aplican el derecho vigente, si se quiere que apliquen otro hay que cambiar las leyes, pero en ocasiones si las leyes no se cambian es por algo, no por dejación o falta de interés, es porque se cree en los valores que sustentan aunque en ocasiones puedan ser impopulares, porque se asientan en principios o valores que van más allá de la confrontación.
Luego está el tema moral, pero ese tema es muy personal, depende de quién opine, y está el tema ético, y ahí también habrá división, al final nos queda el derecho gracias a Dios, para mal o para bien tenemos el asidero del derecho.
El derecho representa algo, no es casual lo que representa, y en una sociedad democrática suele representar de una forma sutil y compleja el difícil equilibrio entre diversos intereses en juego, sensibilidades sociales  y creencias individuales.

el paseante

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