jueves, 12 de marzo de 2015

Ser gay (Un asesino en las calles 117).




117 –  Ser gay.

Alucinante la historia que le contó a Carballo el confidente que tenía en Chueca, menudo número era hacerse pasar por gay, una pasta, una transformación total, para empezar tendría que quitarse la barba y afeitarse la cabeza, ese poco pelo de Carballo no se estilaba, cabeza rapada en plan skin, al parecer Carballo tenía un cierto aire clásico, decimonónico, incompatible con el mundillo gay, luego estaba el tema del color de la piel, tendría que broncearse y no sólo la cara, todo el cuerpo, bronceado integral, y depilación integral también, nada de vello corporal, eso no era propio de gays, no de un gay verdadero por el que se quería hacer pasar Carballo, luego el tono muscular, gimnasio ya, bodybuilding, transformación radical, tenía que ganar volumen corporal, estaba muy enclenque, ponerse más fornido, la vestimenta era necesario cambiarla totalmente, más ceñida, de diseño, un toque provocativo, cazadoras de cuero negro, vaqueros ceñidos marcando paquete, cinturones anchos, camisetas de colores vivos, alguna gorra, gafas de sol con monturas vintage, zapatos de punta, botas de cowboy…, en fin, todo a renovar, a Carballo no le servía nada de su guardarropa, sólo la ropa del cuartel tal vez para combinar, lo militar era tendencia. Y, sobre todo, la ropa interior a tono, Carballo le enseñó los calzoncillos al confidente que soltó una carcajada al ver el modelo de calzoncillo Oceán de algodón blanco que usaba Carballo, un desastre, parecían comprados en la mercería del barrio como así era en realidad.
Para todo esto tuvo que irse de compras por las tiendas de la calle Fuencarral, un pastón, todo carísimo, ser gay era muy caro, había que gastar el dinero en chorradas como un móvil de última generación, relojes de marca, llevar una bandolera fashion, ir a cenar a sitios de moda, salir a tomar copas por la noche, ir a discotecas, saunas, antros de todo tipo, afters, ir de vacaciones a Ibiza, a Sitges,  a Mikonos, a Amsterdam…, eso le contó el confidente.
Tópicos, lugares comunes, mucho consumismo, todo imagen, frivolidad, superficialidad, el mundo gay era en apariencia un mundo hedonista y sin problemas, eso le comentó el confidente a Carballo que a punto estuvo de tirar la toalla y mandar todo a la porra, pero no podía ser, el deber le llamaba, y es que Carballo era ante todo un profesional, y se aplicaría a la tarea de ser gay con denodado esfuerzo sin regatear ningún esfuerzo.

(continuará)

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