jueves, 26 de marzo de 2015

Aguirre y yo.




Me tiene hechizado, desde siempre he sido un tanto mitómano, pero es que esta faceta nueva ácrata, libertaria y lenguaraz de Aguirre, tan malasañera, me conmueve hasta el tuétano, parece un redivivo Max Estrella en versión femenina, un personaje salido de Luces de Bohemia que dice las verdades al lucero del alba de la noche madrileña, si Valle Inclán estuviera vivo reescribiría su obra para introducirla como un nuevo personaje, y seguramente la haría ir por las noches a la Calle Génova para increpar a la ventana iluminada del despacho de Rajoy con improperios y provocaciones, igual que Don Ramón hacía a la puerta del palacio real con el rey Alfonso XIII.
Tal vez no la votara jamás para otro puesto, pero el de alcaldesa de Madrid le viene como anillo al dedo porque en ella se resume el madrileñismo y el casticismo más popular y desenfadado, me la estoy imaginando ya en las verbenas bailando el chotis, vestida de chulapona y bebiendo agua en la fuente del Santo en la Pradera, y sobre todo confraternizando con todos, rodeada de multitudes, querida por la gente.
Sólo un madrileño puede ver esas cosas, son cosas entre madrileños, no hacemos gala de serlo ni excluimos a nadie pero tenemos un punto en común que no hay quién nos lo borre y que nos sale queramos o no, sí o sí, el madrileñismo si es algo es simpatía, acogimiento, socarronería, humildad, chulería, sentirse grande por uno mismo sin necesidad de que nadie nos lo diga.
Conecto con el madrileñismo de Esperanza Aguirre y me parece que puede ser una alcaldesa tan popular y entrañable como lo fue Tierno Galván, cada uno en su estilo y en su territorio propio, pero igualmente con gancho para la calle, y Madrid está falto de eso, de alguien con gracia con el que se sientan identificados los madrileños, y a ser posible, alguien tan madrileño como Esperanza Aguirre.
Pensaba votar a Podemos al menos en las municipales y autonómicas, no así en las generales por el miedo que me produce la conexión Venezuela y los casos de corrupción, iba a probar con Podemos en estas primeras elecciones a ver qué pasaba, pero el huracán Aguirre está trastocando mis planes, como candidata no hay color, prefiero a Aguirre pese a todo, desde un plano meramente sentimental, desde el sentimiento madrileño, porque votar creo que es precisamente eso, un asunto sentimental, si el candidato no te enamora en cierta medida es difícil que acabes votándole, no puedes votar por programas porque los hacen a tontas y a locas todos y además nunca los cumplen ninguno, al final votas por feeling, intuición, corazonada.
Por otra parte votar Aguirre tampoco es precisamente votar al pp, después de lo de Bonilla en Andalucía y su efecto dominó sobre los dirigentes del pp, creo que la líder indiscutible es Aguirre, es más, creo que no necesita ni siquiera el paraguas del pp para llevarse al electorado de calle, al fin y al cabo Aguirre no tiene nada que ver con sus antecesores en el Ayuntamiento, parece de un partido diferente, el suyo propio, en concreto con Botella no sólo parecen de distinto partido, sino hasta de distinta especie, puro darwinismo, Botella es una especie de cromañón político al lado del homo sapiens que representa Aguirre.
No sé bien qué me pasa con esta fiebre de aguirrismo, estoy febril con ella, la miro y me siento tan cercano a ella como si fuera de la familia, será una alucinación?
Fantasías mías, un producto de mi mitomanía? Tal vez.
En este estado no puedo ir a votar, estoy borracho de Aguirre.

El paseante


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