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| Escena de la película My own private Idaho del director Gus van Sant. |
Es tanto como decir "tener un mundo propio", eso es "my own private Idaho", una expresión, un latiguillo, una muletilla.
Te pregunto: ¿tienes tú un mundo propio?
Sin un mundo propio se vive malamente, se malvive.
Tienes que ir creando tu propio mundo, o mejor decir, tienes que ir descubriéndolo primero, seguro que lo tienes pero no eres consciente de ello.
Analiza valores, creencias, emociones, sentimientos, filias y fobias, adicciones, amores y desamores, amigos y enemigos, analiza tus gustos, tus aptitudes, tus actitudes, analiza tu subconsciente, tu creatividad, tus capacidades, tu bagaje, analiza tu entorno, tu pasado, tus personas más queridas..., tus logros y tus frustraciones...
Analiza todo eso, analiza todo, y luego reflexiona sobre ello, verás como te encuentras contigo mismo, con tu yo esencial, ése que en el día a día parece desparecer pero que ahí sigue siempre agazapado esperando su momento culminante de salir a escena y darte carta de naturaleza en este mundo.
Saca a escena a tu propio yo, sácate a escena a ti mismo, sé tú mismo, por encima de todo y siempre.
Sal a la luz de las candilejas, déjate iluminar por los focos, unos te descubrirán, otros confirmarán que ya te conocían, otros te aborrecerán, no importa, así sabrás a qué atenerte en tu relación con los demás.
Habrás llevado a escena tu "own privaye Idaho" y ya nunca podrás escapar de él, porque tu "own private Idaho", es decir, tu mundo propio, eres tú.
Besos,
el paseante























El hombre no sólo vive su vida personal como indivuduo, sino que, consciente o inconscientemente, también participa de la de su época y de la de sus contemporáneos, así que, por más que considerase las bases generales e impersonales de su existencia como bases inmediatas, dadas por naturaleza, y permaneciese alejado de ejercer cualquier crítica contra ellas, como era el caso del buen Hans Castorp, era muy posible que sintiese su bienestar moral ligeramente afectado por sus defectos. El individuo puede tener presentes toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas, de perspectivas, de los cuales extrae la energía para los grandes esfuerzos y actividades; ahora bien, cuando lo impersonal que le rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, en el fondo está falta de objetivos y de esperanzas, cuando ésta se le revela como una época sin esperanzas, sin perspectivas y sin rumbo, y cuando la pregunta sobre el sentido último, inmediato y más que personal de todos esos esfuerzos y actividades - pregunta planteada de manera consciente o inconsciente, pero planteada al fin y al cabo -, no encuentra otra respuesta que el silencio del vacío, resultará inevitable que, precisamente a los individuos más rectos, esta circunstancia conlleve un cierto efecto paralizante que, por vía de lo espiritual y moral, se extienda sobre todo a la parte física y orgánica del individuo. Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, aunque la época no puede dar una respuesta satisfactoria a la pregunta < <¿para qué?>>, se requiere bien una independencia y una pureza moral que son raras y propias de una naturaleza heroica, o bien una particular fortaleza de carácter. Hans Castorp no poseía ni lo uno ni lo otro, y no era, por lo tanto, más que un hombre mediocre, eso sí, en uno de los sentidos más hermosos del término. (La Montaña Mágica. Thomas Mann. Páginas 50 - 51. 





