jueves, 10 de noviembre de 2011

La elegancia.


Desde siempre la verdadera elegancia ha sido cosa europea, y más en concreto algo unido a la ciudad de París donde comenzó la moda tal y como hoy la entendemos, es decir, como tendencias que se extienden a todo el mundo, los grandes modistos de alta costura son, desde siempre, franceses, o adoptados franceses, París es el lujo, el glamour, el buen gusto, el refinamiento, desde los tiempos prerrevolucionarios de Luis XVI y María Antonieta.

También está Roma, pero en segundo lugar, y Londres en cuanto a moda masculina, de ahí la foto del máximo exponente que la moda masculina ha tenido, el Duque de Windsor, creador de tendencias dentro de la moda masculina que aún perviven, inventadas por él, por su instinto de elegante caballero que se atrevía a crear combinaciones, diseños y colores hasta entonces impensables.

La elegancia es un arte, un ceremonial, una deferencia hacia los demás, nos ponemos atractivos para gustar, para resultar agradables a los ojos de los demás, es como nuestra tarjeta de visita, nuestra primera imagen dice mucho de nosotros, sobre todo si hemos logrado dar con nuestro estilo propio, es decir, aquel que surge espontáneamente de nuestra personalidad.

La elegancia es sencillez, es ser reconocido entre los demás como alguien único y al momento pasar desapercibido. El buen gusto es algo invisible.

Por último decir que en cuestiones de moda también está New York, allí se puede comprar todo, pero New York es capital de la moda por el poder del dinero y no por el poder del buen gusto.

El paseante dixit.

No hay comentarios:

Publicar un comentario