lunes, 17 de junio de 2013

La película de la semana. The devil wears Prada. David Frankel. 2006.




El diablo se viste de Prada.

Hace años tuve una jefa como la que aparece en la película, genialmente interpretada por Meryl Streep, una actriz de ilimitados registros que se mete en la piel de cualquier personaje y lo hace tan creíble que no parece se trate de una representación, cualidad ésta de los grandes actores.
Como digo tuve una jefa igual, la película es de esas que yo nunca iría a ver a un cine, de hecho no voy al cine hace ya tantos que ni recuerdo cuál fue la última película que vi, no debió gustarme mucho porque no he vuelto, el cine actual no me interesa, cuando era joven iba al cine varias veces por semana, era una especie de adicción, pero aquel cine era otro cine…
Cosas de la edad, la nostalgia, el aferrarse al pasado, pero lo cierto es que la época dorada del gran cine ha pasado, han cambiado los hábitos de los telespectadores, sus gustos, y los derroteros por los que va mayoritariamente la industria del cine.
Como digo nunca hubiera ido a ver esta película al cine, me parece a priori muy comercial, para el gran público, poco interesante, la vi en dvd mucho tiempo después, por curiosidad, porque no tenía seguramente nada mejor que hacer, y en cierto modo me gustó, lo primero porque recordé a aquella antigua jefa mía y a sus modales y me sentí identificado con esa pobre chica que entra de ayudante y a la cual martiriza hasta amoldarla totalmente a su capricho.
Pero al final la aprendiza sale maestra y se rebela, ve claramente que ese juego no le interesa y vuelve a su vida tranquila, sencilla, pero auténtica, no fingida, inventada, irreal.
Llegado un momento en la vida hay que elegir si sigues siendo el que quieres ser o si hacen contigo los demás lo que le da la gana, pero para eso hay que saber previamente quién quieres ser, o mejor dicho, quién eres, porque eso es difícil que cambie, y si no intentas conducir tu vida con arreglo a ti difícilmente llegarás a ser feliz.
Además de estas reflexiones la película permite ver una vez más aunque sea fugazmente la ciudad más cinematográfica del mundo, New York, escuchar una banda sonora bastante aceptable y muy apropiada, y ver por dentro los entresijos del mundo de la moda, un mundo en el que se mezcla arte, artesanía, y negocios, millonarios negocios donde la palabra de un gurú supone mucho dinero, y eso es lo que es Miranda Priestly, la protagonista, la que se parece a mi antigua jefa, una gurú.
¿Sería aquella jefa que tuve una gurú también y yo no me di cuenta?
No lo sé, lo que sí era seguro era una maleducada, como Miranda Priestly.

El paseante

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