viernes, 15 de junio de 2018

Por fin verano...





Por fin verano, ya está aquí, ya ha llegado, 30 grados centígrados en los termómetros, parecía que no iba a llegar nunca, tanta tormenta y temperaturas frescas eran más propias de otoño que de estar en las puertas del verano, en cada momento lo suyo, ahora toca piscina, playa, sol, buen tiempo, nada de colores grises, mejor todo colores alegres, optimismo, vitalidad, energía, ganas de vivir, renovación, impulso hacia adelante, eso es el verano, vida, juventud, ilusiones, relax, entretenimiento, diversión, despreocupación, volverse de nuevo un poco niño o adolescente, recuperar algo de inconsciencia, soltar amarras y echarse a navegar por un mar en calma perfecta como la plenitud del estío, una época del año en la que todo parece detenido nada más que por el efecto óptico de la lejanía de las vacaciones, el tiempo de asueto y el ocio.
El verano te reconcilia con tu cuerpo que se despereza después de los rigores del invierno, recupera forma, se suelta como entrenándose para vivir de nuevo, una vez más, como cada año, su resurgir, su despertar a las sensaciones nuevas y reconfortantes que el verano trae, los olores de las flores, el sabor de las frutas, los colores de los paisajes, el frescor del aire, el calor del sol, el frío del agua del mar, el azul turquesa del cielo, la perfecta iridiscencia de la pileta de la piscina, las sonrisas, las alegres conversaciones, los reencuentros con viejos amigos y conocidos, con las tradiciones, los afectos, los recuerdos, con todos esos veranos felices de la infancia y la adolescencia que año tras año nos daban nuevo impulso y nos hacían sentir felices con nada, con esa nada que lo es todo y que por eso mismo no sabemos explicar, esa nada intangible que acaba siendo más una actitud que una realidad a la que predispone la estación azul.
Creo que fue Juan Ramón el que llamó al verano la estación azul, mejor definición imposible, etiqueta precisa, garantía de felicidad, el azul como color de la vida, del cielo, del mar, los dos elementos esenciales de la vida, uno respira el azul del verano y se regenera, ventila los malos pensamientos, las tristezas salen de uno, nuestro interior se limpia respirando el azul del verano, estando más cerca de la naturaleza, teniendo más tiempo para disfrutar de la belleza y para recrearnos en la contemplación de la vida que en verano parece pasar ante nuestros ojos de una forma diferente, más plácida y hermosa, invitando a la reflexión, reconfortándonos y reconciliándonos con el mundo.
Lo dicho, viva el verano una vez más!

El paseante


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