jueves, 21 de febrero de 2013

La lectura del fin de semana. Rayuela. Julio Cortázar. 1963.



             Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
            Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena  de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortázar
Rayuela

Anoche soñé con una antigua amiga...



Anoche soñé con una antigua amiga, en el sueño aparecía deformada, hinchada y con unas manchas blanquecinas en la piel a la altura de los tobillos, su piel era más oscura de lo que en realidad es y sus rasgos más negroides, los ojos eran enormes y algo saltones, en general tenía el aspecto de un sapo, iba además algo encorvada, andaba con dificultad, no me miraba a los ojos.
El lugar del encuentro era una especie de hotel de playa algo anticuado, como de los años 60, ella me esperaba en la pequeña terraza de su habitación, al llegar la veía desde abajo, iba a entrar en el hotel pero ella salía en ese mismo momento, me recibía fuera, no me miraba, me miraba sólo a los pies, detrás de ella aparecía su amiga y colaboradora en el trabajo.
Al verme su amiga decía:
-         Qué guapo está (como diciéndoselo a ella, a mi amiga).
Y mi amiga decía sin mirarme:
-         Siempre está guapo.
Recuerdo que luego estábamos su amiga y yo en un sofá, su amiga se acercaba a mí en una actitud de clara provocación sexual, iba despeinada, el pelo ligeramente rizado, rojizo, le cubría apenas el rostro, yo hacía intención de retirárselo para besarla pero ella se escabullía.
Yo le decía a mi amiga:
-         Ya me he enterado que te has prejubilado y de quién es tu sustituto, me alegro por él, además es la mejor elección posible.
Entonces me di cuenta que había sido descortés con su colaboradora y añado mirando a su colaboradora:
-         Quiero decir que tú también hubieras sido muy apropiada pero difícilmente te iba a nombrar quién te tenía que nombrar.
De repente mi amiga está de espaldas, enorme, gorda, pero pequeña de estatura, y suena un golpe como de trueno, se vuelve y tiene los ojos en blanco, como salidos de las órbitas, me mira y hace un brusco ademán con las manos dirigido a mí como si espantara algo, yo pienso que está espantando un maleficio, el maleficio que ella me echó hace tiempo.
Suena el despertador.
Me despierto sobresaltado pero sin embargo tranquilo, con la sensación de que el maleficio ha terminado por fin o de que algo malo me ha hecho de nuevo, dudo si agarrarme a una u otra posibilidad, al final me acojo a la más favorable, el maleficio ha terminado, me digo.
Me despierto y siento frío, estoy encima de la cama totalmente destapado.
El perro salta sobre mí.

El paseante

Mis conversaciones con Woody (16). Me he enamorado.



-          ¿Woody, quién es esa chica, o lo que es lo mismo, who’s that girl?
-          Ése es el título de una canción de Madona jr.
-          No te vayas por las ramas, ¿no te estarás enamorando, verdad?
-          En absoluto, se trata sólo de una buena amiga.
-          ¿Cómo de buena, dime Woody, cómo de buena?
-          ¡Qué pesado!
-          Tú te estás enamorando.
-          Que no…
-          Bueno, vale, háblame de ella.
-          Pues ella es, ella es…, no sabría explicártelo…, es como un suave viento de primavera, como una nube en un cielo de verano, como un oleaje apacible en una playa tranquila, como un río ancho con agua calma, como el aire puro de las montañas, como una noche estrellada de verano, como la nieve que cae suavemente sobre la tierra…
-          Ya.
-          ¿Nada más?
-          ¿Qué quieres que diga? Si digo que estás enamorado te enfadas.
-          No es que me enfade jr, es que prefiero no reconocérmelo, tantas veces he estado enamorado y he fracasado que tengo miedo.
-          Te comprendo, a mí me sucede lo mismo, uno deja de creer en el amor, prefiere no creer para no tener que sufrir.
-          Exactamente.
-          Parece atractiva, me gusta su forma de vestir.
-          No tengo palabras…
-          Ya.
-          Me faltan las palabras por primera vez para tratar de definirla, de pronto me deshago en elogios y pienso: otra vez…
-          Otra vez…
-          Pero tiene algo que la hace especial, es como si nos conociéramos desde siempre, como si ya nos conociéramos desde la eternidad y nos hubiéramos reencontrado, uno tiene junto a ella una sensación de familiaridad, como si uno se reencontrara con su otra mitad y estuviera por fin completo, como si el tiempo no existiera junto a ella.
-          ¿Qué significa eso?
-          ¿El qué?
-          Eso que has dicho de como si el tiempo no existiera…
-          Junto a ella me parece que el tiempo no existe, puedo estar con ella siempre y sin embargo que todo sea nuevo a cada momento, interesante, la vida junto a ella tiene un significado diferente, o tal vez mejor sería decir que tiene su significado por fin, el significado que siempre debió tener, el de la felicidad, ella tiene la cualidad de hacerme feliz con su sola presencia.
-          Caramba, tú estás enamorado, seguro.
-          Pero esto no dura jr.
-          Bueno, Woody ya veremos, ya veremos… Lo mismo es tu alma gemela...
-          Ya te seguiré contando…

(continuará)

El paseante
 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Anochecer en mi pueblo.

Anochecer en mi pueblo. Óleo sobre lienzo. José Ramón Carballo. 2009.

El cuadro de la semana. El sueño de Constantino. Piero della Francesca. 1412-1492.




El sueño de Constantino. Piero della Francesca. 1412-1492.

Este cuadro ya no existe, era un fragmento del fresco denominado la Leyenda de la Verdadera Cruz y estaba en una de las paredes, en concreto la del coro, de la Iglesia de San Francisco de Asís en Arezzo. Fue destruido junto con el resto de la iglesia por un terremoto.

El sirviente que vela el sueño del emperador nos mira melancólico, es la primera  vez que en la historia de la pintura un personaje mira al espectador como tratando de transmitirle algo, ¿algo importante?, tal vez señalándole la fragilidad de la existencia que un buen día termina de forma imprevista, uno se duerme y tal vez no despierta más pese a todo lo vigilante que pretenda estar.

Un emperador dormido, unas tiendas de lona, tal vez un improvisado campamento de batalla, dos soldados que velan el sueño de emperador y un melancólico mayordomo que mira al futuro, al espectador que habrá de contemplar la escena en un lejano, incierto futuro, ahora ya la pintura no existe, pero la mirada, la escena, ha quedado igualmente presa de sus reproducciones.

La pintura, el arte en general, tiene una base física y por tanto perecedera, dura un tiempo, más o menos, pero no dura por siempre, al igual que el hombre, la pintura tarde o temprano perece, se queda dormida y no vuelve a despertar más, eso pasó en Arezzo cuando el terremoto, que se llevó a Constantino, al melancólico mayordomo y a los vigilantes soldados sin que ellos, ajenos a lo que sucedió, se dieran cuenta.

Sobrevivieron a aquella noche que reproducía la pintura pero no pudieron sobrevivir a la eternidad.

El paseante

lunes, 18 de febrero de 2013

La aventuras de Pumby (3). La quina Santa Catalina.




Las aventuras de Pumby. Diario de un niño franquista. La quina Santa Catalina.

Los niños cuando íbamos de visita tomábamos quina Santa Catalina, el anuncio decía: y da unas ganas de comer…

Sal al balcón
Echa un jamón
Mira que viene Quinito
Quiero comer
Quiero beber
Y me muero de apetito

Éste era el gingle o lema del anuncio.

La quina sabía ligeramente amarga y la verdad es que abría el apetito, en casa de mis abuelos me daban un vasito de quina o de moscatel, sacaban las botellas de una alhacena que había en el comedor, era muy bonita, de madera torneada con cristales de color verde en las puertas y la repisa de mármol blanco, los pequeños vasitos de cristal llevaban esmeriladas una especie de cerezas, todavía lo recuerdo, es más, guardo uno de esos vasitos en la vitrina del salón como una reliquia de otro tiempo.

También me gustaba el vino de misa, ése el que más me gustaba porque era muy raro poderlo probar y porque era sagrado, yo me sentía sacrílego bebiendo aquel vino, primero porque era vino, segundo porque era de misa, y tercero porque yo era un pecador.

El vino de misa lo podías beber después de la comunión cuando ayudabas en misa, es decir, cuando hacías de monaguillo, en el colegio teníamos misa mayor todos los viernes y los miércoles misa en la pequeña capilla sólo para mi clase, hacíamos de monaguillos por turnos, cuando me tocaba hacer de monaguillo el cura me daba al terminar un sorbito de vino, exquisito, tenía el color igual que el Jack Daniels, tal vez por eso sea mi marca de whiskey preferida.

Me viene a la memoria en día que en la pequeña capilla ayudaba en misa un compañero que se llamaba Bolludo, en el colegio nos llamábamos por el apellido, el nombre era como si no tuviéramos, era ñoño llamar a otro compañero por el nombre, sólo por el apellido siempre, cosas del franquismo, había que ser muy hombres.

Bueno, pues ese día en misa, en la pequeña capilla, pasó algo curioso, sorprendente, inusual, Bolludo se arrodilló al lado del cura en el momento de la consagración, ocultó su rostro con la mano y entró en ese trance medio fingido medio real que produce el misticismo infantil, entonces comenzaron las sonrisitas y cuchicheos entre los compañeros, el cura estaba concentrado con la ostia y el cáliz en alto y murmuraba unas palabras en latín apenas audibles, me dieron un codazo y me señalaron a la bragueta de Bolludo, tenía una erección descomunal, cosas de la edad, el sexo en esas edades es muy potente y en ocasiones inoportuno, no se puede controlar, tal vez le excitaría la cera de las velas, además llevaba unos pantalones muy ceñidos, Bolludo era bastante recio y los pantalones parecía que iban a reventar con la presión de aquel enorme miembro que pugnaba por manifestar su presencia, como si de una fiera enjaulada se tratara.

Cuando terminó la misa el cura o padre le dio una colleja a Bolludo, se debió de pensar que había hecho alguna gracia en el momento de la consagración.

Tal vez se trató de la quina Santa Catalina. Quina del pecado…

(continuará)

El paseante


La película de la semana. Amarcord. Federico Fellini. 1974.




Amarcord (mis recuerdos). Federico Fellini. 1974.

Tengo la sensación viendo esta película de que la vida es siempre algo incompleto, imperfecto, imprevisto, improvisado, precario, que te pilla desprevenido siempre, que no sabes bien cómo afrontar, y que casi siempre es algo que tú no decides, que te viene dado, que depende del destino, es una especie de fatalismo como de tragedia griega, dejémonos llevar, parece decir la película, al fin siempre llegaremos al mismo lugar lo queramos o no.

Según transcurre la película nos vamos identificando con los diferentes personajes que por ella van pasando, es una película coral, sin unos protagonistas definidos, tal vez el protagonista sea el pueblo en el que tiene lugar, sus gentes, sus costumbres, una especie de teatro de la vida, de vida que no parece real, que parece falsa, pero que es, precisamente por eso, más real aún, y es que si filmaran nuestra vida, la vida de cualquiera de nosotros y nos la proyectaran para verla nos parecería algo inverosímil para cualquiera y más aún para nosotros, seguramente si viéramos nuestra vida en una película nos reiríamos, nos sorprenderíamos, nos escandalizaríamos, pensaríamos que habían exagerado al contarla para hacerla más atractiva, que está caricaturizada, que no somos así en realidad.

Y eso pasa a la inversa viendo esta película porque al verla vemos al fin cómo realmente somos, inverosímiles, como inverosímil es la vida misma, llena de pequeñas tonterías en el día a día, tonta, repetitiva, absurda, a veces cruel.

La vida sin más proyectada en la pantalla, poblada de personajes, situaciones, escenarios, paisajes, luz, penumbras, y sonidos, y música, claro, la deliciosa música compuesta por Nino Rota para la película.

Si queréis saber cómo sois en realidad debéis de verla, así podréis comprobar lo tontos que sois.

El paseante